La figura de autónomo ofrece una puesta en marcha ágil, obligaciones contables sencillas y menos costes recurrentes. Es perfecta para consultorías, servicios creativos, formación y productos digitales en fase temprana. A cambio, asumes responsabilidad personal sobre deudas, por lo que separar cuentas, usar contratos claros y asegurar riesgos profesionales resulta fundamental. Con herramientas de facturación, control de gastos y recordatorios de impuestos, puedes mantener la casa en orden mientras dedicas la mayor parte del día a generar valor.
Una sociedad limitada unipersonal mejora percepción ante ciertos clientes y limita responsabilidad al capital aportado, con requisitos formales añadidos. Desde reformas recientes, el capital mínimo es muy bajo, aunque recomiendan dotar reservas y buenas prácticas para credibilidad. Exige contabilidad ajustada a normativa, depósito de cuentas y disciplina documental. Puede ser ventajosa si planeas crecer, buscar inversión o separar claramente patrimonio. Evalúa costes de notaría, asesoría y obligaciones periódicas frente a la reducción de riesgo y la imagen corporativa conseguida.
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